Tipos de fraude · 4 de 9

Redes de identidades: el que opera cinco cuentas y la familia que comparte teléfono dejan el mismo rastro


Cómo ataca

Acá no hay un cliente falso. Hay cinco, y detrás de los cinco hay una sola persona.

Arma cada identidad completa: su nombre, su documento, su medio de pago, su historia chica. Ninguna tiene relación con las otras en el papel.

Lo que no le alcanza son los aparatos. Identidades fabrica de a montones, pero cada teléfono es un teléfono que tiene que conseguir. Así que reparte cinco cuentas entre dos o tres equipos, y trata de que no se crucen: hoy compra una, mañana otra, cada una desde el aparato que le tocó.

Cuando le bloqueas una, la abandona ahí mismo. No reclama, no escribe, no pide explicaciones. Las otras cuatro siguen operando como si nada.

Lo que queda a la vista es lo que él no pudo separar: un mismo aparato, una misma dirección o una misma línea telefónica apareciendo debajo de personas que no tienen nada que ver entre sí.

Quién se le parece y es honesto

Y así se ve buena parte de tu base de clientes.

La familia que comparte tarjeta. La mamá hace el mercado a las diez, el papá paga el servicio a las dos, el hijo compra el juego a las seis. Una sola tarjeta, cuatro teléfonos distintos.

El que rota tarjetas por beneficios. Una tarjeta para el mercado, otra para compras en línea, otra para restaurantes. Un solo cliente con cuatro medios de pago, aprovechando el cashback de cada uno.

El teléfono prestado. El hermano que abre su cuenta desde el celular del otro porque el suyo se quedó sin datos. El vecino que le ayuda a registrarse a media cuadra. El computador de la casa donde entran tres personas.

Los tres producen lo mismo que la regla está buscando: cuentas de personas distintas conectadas por un mismo aparato, una misma dirección o una misma línea.

Y el costo de equivocarse acá se multiplica, porque cuando bloqueas una red bloqueas un grupo entero. Si el grupo era una familia, perdiste cuatro clientes de una sentada.

Lo que sí los separa

  • Qué se comparte. La familia comparte el medio de pago y cada quien pone su propio teléfono. En la red cada identidad trae su propio medio de pago y el aparato es lo que se repite.
  • Lo que se repite en los datos. Los hermanos que comparten teléfono también comparten apellido, dirección y barrio, y no lo esconden. Las identidades de la red no tienen nada en común en el papel, y aun así viven en el mismo aparato.
  • En qué se gasta. El gasto de una casa se reparte en la vida de una casa: mercado, servicios, un juego, una cena. Las identidades de la red terminan comprando lo mismo, y a veces mandándolo al mismo lugar.
  • Qué pasa cuando bloqueas una. Si le cortas la compra al hijo, la familia llama el mismo día, con el recibo en la mano y ganas de resolverlo. La identidad quemada de una red casi siempre se abandona en silencio.
  • El ritmo entre cuentas. El que rota tarjetas usa cada una en su categoría, con días o semanas de por medio. Las identidades de la red se turnan dentro del mismo día.

Dos cuentas compartiendo un teléfono es la cosa más normal del mundo en una casa. Hacen falta varias de estas señales cayendo a la vez sobre el mismo grupo.

Cómo muta cuando lo detectas

Cada bloqueo le dice al operador cuál de sus costuras se ve desde afuera.

  1. Bloqueas las cuentas que comparten aparato. Falsea la huella del equipo. Cada identidad entra como si estuviera en un teléfono distinto, comprado en un país distinto.
  2. Bloqueas la dirección y la línea repetidas. Consigue una línea prepagada por identidad y reparte los envíos entre puntos de retiro.
  3. Bloqueas el grupo entero cuando cae uno. Separa el calendario. Las identidades dejan de operar el mismo día y cada una se pasa semanas construyendo su propia vida antes de servir para algo.
  4. Bloqueas a la cuenta que se va sin reclamar. Reclama. Escribe al soporte, adjunta un documento y pide que le revisen el caso, igual que cualquier cliente al que le tumbaron una compra.

En ese punto la red se ve como cinco clientes que nunca se cruzan. Y todavía queda algo compartido: el teléfono con el que se abrieron las dos primeras cuentas, la dirección del primer envío, la línea que registró hace medio año.

Cada teléfono, cada línea y cada dirección que tiene que conseguir aparte es una pieza más que mantener viva. Sostener cinco identidades de verdad separadas se le vuelve un trabajo de tiempo completo.

Cierre

El trabajo está en dejar que la familia siga comprando desde sus cuatro teléfonos y ver el grupo que se esconde detrás de cinco nombres sin relación. Eso depende de si puedes mirar esas cuentas juntas, o solo una por una en el momento en que cada compra llega.

¿Y cómo se resuelve?

Afinar esto a mano te toma días, y cada día cuesta contracargos y ventas buenas. Eso estamos resolviendo en Frauddi. Te lo mostramos sobre tus datos.

Agendar demo gratuita

Escrito por Elio Rincón, fundador de Frauddi. Escribe sobre IA, seguridad y fraude en e1i0.com.