Tipos de fraude · 8 de 9

Identidad sintética: el cliente que nunca existió y el cliente nuevo de verdad dejan el mismo rastro


Cómo ataca

La persona que te está comprando no existe. El documento es real en la forma, el nombre combina bien con él, el teléfono contesta, el correo tiene años de antigüedad fabricada. Nada de eso apunta a una persona.

Se registra como cualquier cliente nuevo y hace lo que hace un cliente nuevo prudente. Compra poco. Paga a tiempo. Vuelve a comprar un poco más. Si le das un cupo, lo usa por debajo y lo cancela antes de la fecha.

Lo que busca no es la compra de hoy. Busca que cada pago puntual te empuje a darle más margen, y que ese margen crezca solo, porque tus propias reglas premian al que paga bien.

Cuando el cupo llega a donde él quería, lo usa entero en un día. Compras grandes, una detrás de otra, hasta que no quede nada disponible.

Y ahí se acaba. No hay a quién cobrarle, porque el titular nunca estuvo. La dirección no lleva a nadie, el teléfono deja de contestar, y el expediente de cobranza queda dando vueltas contra una persona que no nació.

Quién se le parece y es honesto

El cliente nuevo de verdad. Se registró hace poco, empezó comprando poco porque todavía no te conoce, y a medida que le funciona te compra más. Paga puntual porque quiere que le subas el cupo.

El que se está reconstruyendo. Tuvo un mal año, quedó sin historial utilizable y arranca de nuevo. Es cuidadoso a propósito: paga antes de la fecha porque no puede permitirse otro tropiezo.

El joven con su primer producto financiero. No tiene pasado que mirar, y todo lo que hace es estrenar. Compras chicas, crecimiento lento, expediente delgado.

A los tres les pasa lo mismo: los juzgas con poco pasado, y su comportamiento bueno es justamente lo que te pide confiar más.

Lo que sí los separa

  • Los errores humanos. Un cliente real se equivoca: teclea mal el documento, escribe la dirección de dos formas, se le cae un pago y lo paga al día siguiente, llama a preguntar algo obvio.
    • El cliente nuevo: deja ese ruido en tu expediente sin darse cuenta.
    • La identidad sintética: sale impecable desde el primer formulario. La ausencia de errores es en sí una señal.
  • Qué tan viejos son los datos entre sí.
    • El cliente nuevo: su teléfono, su correo y su documento tienen edades distintas y desordenadas, porque cada uno lo sacó cuando le tocó.
    • La identidad sintética: sus datos aparecen en el mundo casi al mismo tiempo, poco antes de registrarse contigo.
  • Con quién comparte cosas.
    • El cliente nuevo: comparte dispositivo o dirección con su familia, y esa gente se comporta como familia.
    • La identidad sintética: comparte pedazos de sí misma con otros expedientes que también empezaron hace poco y también se portan bien.
  • Para qué usa el cupo.
    • El cliente nuevo: lo usa desparejo, según lo que necesite ese mes, y a veces lo deja quieto.
    • La identidad sintética: lo usa de forma pareja y siempre por debajo del tope, como quien administra un puntaje.
  • Cómo paga.
    • El cliente nuevo: paga cuando puede, a veces justo el día, a veces el anterior, y el monto varía.
    • La identidad sintética: paga con la misma antelación cada vez, como si fuera una tarea programada.
  • Qué hace el día que lo usa todo.
    • El cliente nuevo: cuando por fin gasta fuerte, es por algo concreto y de una sola vez.
    • La identidad sintética: agota lo disponible en varias compras seguidas, y su último movimiento es el más grande que el cupo permitía.

Cómo muta cuando lo detectas

  1. Le exiges más pruebas al registrarse. Las trae. El documento aguanta la revisión porque fue construido para aguantarla, y ahora tu expediente lo tiene marcado como verificado.
  2. Le retrasas la subida de cupo. Alarga la etapa buena. Sigue pagando puntual todo el tiempo que haga falta, porque el costo de esperar es bajo comparado con lo que se lleva al final.
  3. Empiezas a sospechar del expediente sin un solo tropiezo. Mete errores a propósito: paga un día tarde, abandona un carrito, escribe mal su propia dirección una vez.
  4. Detectas que varios expedientes comparten datos. Separa las identidades: dispositivos distintos, direcciones distintas, y las hace crecer en momentos distintos para que no se vean como una camada.
  5. Vigilas el uso repentino de todo el cupo. Reparte el día final en dos o tres, y deja un resto sin usar para que la cuenta no toque el techo.

Al final de esa escalera te queda un expediente que tu sistema construyó contigo. Cada límite que subiste fue una decisión razonable con la información que tenías. Lo que faltaba en esa información era una persona.

Cierre

La identidad sintética se aprovecha de la parte de tu sistema que funciona: premiar al que se porta bien. El día que gasta todo ya es tarde. El momento de verla son los meses tranquilos de antes, cuando lo único raro era que se portaba demasiado bien. Eso depende de si puedes mirar un expediente contra los demás expedientes, o solo contra su propio historial.

¿Y cómo se resuelve?

Afinar esto a mano te toma días, y cada día cuesta contracargos y ventas buenas. Eso estamos resolviendo en Frauddi. Te lo mostramos sobre tus datos.

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Escrito por Elio Rincón, fundador de Frauddi. Escribe sobre IA, seguridad y fraude en e1i0.com.